MERCADO DE TRIANA:
Calle San Jacinto. Plaza del Altozano, Sevilla.
El río Guadalquivir pasa por Sevilla como un testigo silencioso. Ha visto nacer imperios, desfilar flotas, crecer una ciudad. Pero hay un lugar, donde el río guarda un secreto más oscuro. Un lugar donde las aguas no han podido borrar lo que ocurrió sobre sus orillas.Es el Castillo de San Jorge. Hoy, bajo los pies de quienes compran pescado y fruta en el mercado de Triana, bajo las losas y los puestos, algo sigue moviéndose. Algo que no ha encontrado paz en más de cinco siglos.
Pero no son solo golpes. Hay noches en que se escucha un llanto. Claro, nítido, humano. "Es un llanto", aseguran los que lo han oído, "no es ningún animal. Buscas pero no encuentras nada". Un llanto que sube de las entrañas del edificio, que se cuela por las rendijas, que se pega a la piel y no se va.
Y luego están las apariciones.
Los comerciantes más madrugadores, los que llegan al mercado cuando aún es de noche para preparar sus puestos, han visto cosas. Una figura vaporosa que cruza los pasillos. Una niña vestida de blanco. Traje de comunión, pelito largo, se mueve muy rápido, casi como si flotara. Algunos dicen que no se le aprecian las extremidades inferiores. Como si fuera un torso que se desliza, un vestido que se mueve solo.
Un comerciante, que trabaja en la noche de Todos los Santos cuenta su experiencia. "Era como una niña vestida de blanco, de comunión, y jugaba en una de las calles del mercado". Jugaba. Como si aquel lugar, que había sido testigo de tanto dolor, fuera su patio de recreo. Como si la muerte no hubiera interrumpido su infancia, solo la hubiera desplazado a otro plano.
Un investigador que ha estudiado el caso encontró algo en los archivos. En ese mismo lugar, en el Castillo de San Jorge, fue ajusticiada una niña de catorce años. Acusada de herejía. Condenada por la Inquisición. Seguramente pereció en la hoguera. Catorce años. La edad en que una niña comienza a ser mujer. La edad en que una acusación bastaba para arder.
¿Es ella la que vaga por los pasillos del mercado? ¿Es su fantasma el que los vigilantes ven de reojo, el que los comerciantes encuentran al llegar de madrugada? ¿O hay más? Porque en los bajos del mercado, en los sótanos donde se hallaron los restos arqueológicos, hay quien asegura haber visto algo más.
Un individuo etéreo. Alto. Al que le falta la mitad de la cara. Un traje de época, de aquellos que usaban los inquisidores quizá, o los soldados que custodiaban el castillo. Vagando entre las ruinas, condenado a recorrer los mismos pasillos que recorrió en vida, con la mitad del rostro borrado, como si la historia lo hubiera tachado.
Las cámaras de seguridad siguen captando extrañas bolas de luz. Esferas que flotan, que se desplazan, que aparecen y desaparecen sin lógica. Los sensores de movimiento siguen activándose en mitad de la noche, cuando no hay nadie, cuando las puertas están cerradas con llave, cuando los sistemas de alarma están conectados.
Hoy, el Mercado de Triana sigue en funcionamiento. De día, es un lugar vibrante, lleno de vida, de colores, de olores. Las sevillanas acuden a comprar, los turistas hacen fotos, los niños piden chucherías. Nadie mira al suelo. Nadie piensa en lo que hay bajo sus pies.
Pero cuando el sol se pone, cuando las últimas luces se apagan, cuando los comerciantes cierran sus puestos y se van a casa, el lugar cambia. Las piedras que fueron castillo, que fueron mazmorra, que fueron hoguera, recuperan su memoria. Las cadenas que arrastraban los condenados suenan bajo el suelo, invisibles pero audibles. Los golpes en la pared se reanudan. Y el llanto, que es de alguien que murió hace siglos pero no ha dejado de llorar, vuelve a escucharse.
Los muertos del Castillo de San Jorge, los que ardieron en la hoguera, los que sufrieron tortura, los que fueron enterrados en el cementerio almohade, los que llevan siglos bajo los pies de Triana, no han encontrado descanso. Y quizá no lo encontrarán nunca.
Porque hay muertos que no necesitan flores. Necesitan justicia. Necesitan paz. Necesitan que alguien, alguna vez, les devuelva lo que les fue arrebatado.
0 Comentarios