MANSION DEL PRINCIPE GONG:

17 Qianhai W St, Shi Cha Hai, Xicheng Qu, Beijing Shi, China.

El corazón de Pekín late con fuerza en el distrito de Xicheng, entre callejones centenarios y avenidas modernas. Allí, junto al lago Shichahai, se alza una mansión que ha visto más de dos siglos de historia, de poder, de corrupción y de muerte.
Es la Mansión del Príncipe Gong, también conocida como la casa de los espíritus. Un palacio de techos dorados y jardines meticulosos, de corredores laberínticos y estancias secretas. Y también, según quienes han pasado la noche entre sus muros, uno de los lugares más embrujados de toda China.

Para entender lo que ocurre en la Mansión del Príncipe Gong, hay que retroceder a 1777, cuando fue construida por orden de Heshen, un funcionario de la corte del emperador Qianlong. Heshen no era un funcionario cualquiera. Fue el hombre más corrupto de la historia china. Acumuló una fortuna inmensa, se rodeó de lujos, y construyó para sí y sus ochenta concubinas un palacio que rivalizaba con el del propio emperador.

Ochenta concubinas. Ochenta mujeres encerradas en un harén de piedra y seda. Muchas de ellas, según cuentan, nunca salieron vivas.

El Funcionario Corrupto

Heshen era joven, astuto, ambicioso. Desde muy pronto se ganó el favor del emperador Qianlong y ascendió rápidamente en los rangos de la administración imperial. Llegó a ser uno de los funcionarios más altos y ricos de la corte. Pero el poder, a veces, se acaba.

heshen
En 1799, el emperador Jiaqing, sucesor de Qianlong, acusó a Heshen de corrupción. Le mandó ejecutar y confiscó todos sus bienes. La mansión fue entregada al príncipe Qing, el decimoséptimo hijo del emperador Qianlong. Y más tarde, en 1851, el emperador Xianfeng la entregó a su sexto hermano, el príncipe Gong, de quien la mansión toma su nombre.

Pero la muerte de Heshen no acabó con las leyendas. Al contrario, las empezó.

 El Harén de los Muertos

La mansión, llamada la casa de los espíritus, encerraba a las mujeres de Heshen hasta que morían. Ochenta concubinas que vivían en un lujo opulento, pero también en una prisión dorada. Cuando Heshen se cansaba de una de ellas, la abandonaba. La dejaba en el harén, sin visitas, sin afecto, sin esperanza. Muchas murieron allí, solas, olvidadas. Sus cuerpos fueron enterrados en algún lugar de la mansión, o quizá simplemente desaparecieron.

Desde entonces, hay gente que ha visto cosas extrañas. Sombras fugaces que cruzan los pasillos cuando no hay nadie. Susurros que parecen venir de las paredes. Ruidos inexplicables, como de pasos que se acercan y se alejan.

La Esposa Triste

El palacio también estaba dedicado a la esposa de Heshen, Feng Shi. No era una concubina. Era su esposa legítima. Y tuvo un hijo, que murió asesinado luchando contra los rebeldes. Feng Shi, desconsolada, murió de tristeza. Su corazón se rompió, y con él, su voluntad de vivir.

Se dice que su fantasma sigue en el palacio. Que sus gritos se pueden escuchar en toda la mansión. No son gritos de terror. Son gritos de dolor, de pérdida, de una madre que llora a su hijo muerto. Los guardias de seguridad, los que pasan las noches en la mansión, la han oído. Algunos han visto su figura, una mujer vestida con ropas de la dinastía Qing, vagando por los jardines, llamando a su hijo con una voz que hiela la sangre.

Los Guardias y los Fantasmas

Los guardias de seguridad tienen muchas historias que contar. Han visto fantasmas femeninos vestidos de blanco en el jardín, especialmente en las noches de luna llena. Figuras que se deslizan entre los árboles, que se detienen junto a los estanques, que desaparecen cuando alguien se acerca.

También han visto apariciones de antiguos escoltas de Heshen. Soldados uniformados, con espadas y armaduras, que patrullan los corredores como si aún estuvieran de guardia. Algunos guardias han jurado que vieron a uno de estos espectros acercarse a ellos, y luego atravesar una pared. Como si la piedra no fuera un obstáculo. Como si ya no pertenecieran a este mundo.

En 1921, tras el colapso de la dinastía Qing, el nieto del príncipe Gong, Puwei, ofreció la propiedad como hipoteca a la Orden de San Benito de la Iglesia Católica. Los benedictinos invirtieron importantes recursos en restaurar la mansión deteriorada para utilizarla como universidad. Se llamó Universidad Católica Furen, y funcionó hasta que los sacerdotes fueron deportados de China en 1951.

Después de la deportación de los sacerdotes, la mansión fue utilizada por la Fábrica de Aire Acondicionado de Pekín. Los obreros trabajaban entre los muros centenarios, sin saber que compartían el espacio con los muertos.  

No fue hasta los años ochenta cuando la mansión experimentó un resurgimiento. En 1982, fue declarada Sitio Histórico y Cultural Mayor Protegido a nivel nacional. Desde noviembre de 1996, los edificios y los jardines se han convertido en una atracción turística.

La Atracción Turística

Hoy, miles de turistas recorren la Mansión del Príncipe Gong cada día. Admiran los techos tallados, los jardines cuidados, los estanques de carpas doradas. Escuchan las historias de Heshen, del príncipe Gong, de la dinastía Qing. La mayoría no sabe nada de los fantasmas.

Pero algunos, sienten algo. Un cambio de temperatura al entrar en ciertas habitaciones. Una sensación de opresión en el pecho. La certeza de que alguien los observa desde las sombras.

Las zonas más activas de la mansión son los jardines y los corredores más antiguos. Allí, los visitantes han reportado cambios bruscos de temperatura. Una habitación calurosa en verano se vuelve helada de repente. Un pasillo soleado se llena de una sombra que no tiene fuente.

La Mansión del Príncipe Gong sigue en pie, orgullosa, testigo de más de dos siglos de historia china. Los turistas van y vienen. Los guías cuentan sus historias. Los jardines florecen cada primavera. Pero cuando cae la noche, cuando los últimos visitantes se van y las puertas se cierran, los muertos despiertan.

Si alguna vez visitas la Mansión del Príncipe Gong, si recorres sus jardines y te adentras en sus corredores, no te sorprendas si sientes un escalofrío. No te asustes si ves una sombra fugaz al final del pasillo. No hagas caso si oyes un susurro que parece venir de las paredes.

Solo respira hondo, sigue caminando, y recuerda que hay lugares donde la historia no termina con la muerte. Donde los muertos siguen viviendo.  
Y donde los turistas, cuando se van, a veces sienten que alguien los observa desde las ventanas. Alguien que no quiere que se vayan. Alguien que quiere que se queden. Para siempre.