IGLESIA DE CHAONEI:

Pekín, Beijing.

El corazón de Pekín, esa ciudad de millones de almas y rascacielos, guarda rincones donde el tiempo parece haberse detenido. Entre el bullicio de la capital china, en el distrito de Chaoyang, se alza un edificio que los lugareños evitan cuando el sol se pone.
Es la mansión de Chaonei, también conocida como la Casa Embrujada de Pekín. Una construcción de principios del siglo XX, de estilo occidental, que contrasta con la arquitectura tradicional china. Y que, según quienes han pasado la noche entre sus muros, es uno de los lugares más terroríficos de toda China.

Para entender lo que ocurre en Chaonei, hay que retroceder más de un siglo. La iglesia fue construida entre 1900 y 1910 por un sacerdote inglés. Un hombre de fe que vino a Pekín para predicar, y que desapareció misteriosamente poco después de terminar la obra. Nunca se encontró su cuerpo. Nunca se supo qué le ocurrió. Pero algunos creen que su espíritu aún vaga por los pasillos que él mismo construyó.

Debajo de la iglesia, hay un túnel. No es un pasadizo corto. Son decenas de kilómetros que llevan hasta las afueras de la ciudad. Nadie sabe quién lo construyó, ni para qué. Quizá era una ruta de escape para los sacerdotes. Quizá era un pasaje secreto para contrabandistas. Quizá, simplemente, es un lugar donde la luz nunca ha llegado.

La Clínica de las Monjas

A finales de la década de 1930, la mansión era propiedad de organizaciones católicas. Misioneras benedictinas estadounidenses vivieron allí. Más tarde, monjas agustinas belgas la usaron como clínica durante la Segunda Guerra Mundial y el período de posguerra. Mujeres consagradas a Dios, curando a los enfermos, aliviando el dolor. Pero el dolor, a veces, se queda pegado a las paredes.

La Esposa Abandonada

La leyenda más famosa de Chaonei ocurrió en 1949. Ese año, un alto cargo del gobierno de China y su familia se mudaron a la mansión. El político, cuyo nombre nunca ha sido revelado, era un hombre poderoso. Pero el poder, a veces, se acaba. Cuando el Partido Comunista tomó el poder, el político huyó a Taiwán. Dejó a su esposa y a su familia atrás. Las abandonó. Sin una palabra de despedida, sin una explicación, sin un adiós.

La esposa, desconsolada, se suicidó. Se colgó de una viga en una de las habitaciones de la mansión. Su cuerpo fue encontrado al día siguiente. Y desde entonces, según los vecinos, su fantasma no ha dejado de vagar por la casa.

Se escuchan sus llantos por la noche. Sollozos desgarradores, que vienen de ninguna parte, que atraviesan las paredes, que se clavan en el corazón de quienes los oyen. Algunos han visto su silueta, una mujer vestida de blanco, paseándose por los pasillos vacíos. Otros han sentido su presencia, un frío repentino, una mano invisible que les toca el hombro.

El Sitio Histórico

En 2009, el edificio fue designado sitio histórico por el gobierno municipal de Pekín. Se iniciaron esfuerzos de restauración en 2016. Pero la mansión no está abierta al público. Se alquila como espacio de oficinas. Ocasionalmente, se organizan tours guiados especiales o eventos, pero muy raramente incluyen el interior. La mayoría de los visitantes solo pueden ver la fachada. Y ya desde la calle, aseguran, se siente algo. Una opresión en el pecho. Un escalofrío. La sensación de que alguien los observa desde las ventanas oscuras.

Los Fenómenos

Quienes han pasado la noche en la mansión, los pocos que se han atrevido, aseguran haber visto objetos en movimiento. Sillas que se desplazan solas. Puertas que se abren y cierran. Gemidos, lamentos, incluso sonidos como de alguien que está siendo torturado. Gritos ahogados, golpes sordos, el arrastrar de cadenas.

Un parapsicólogo local, explicó algo inquietante: "Todos los animales tienen miedo a los fantasmas, especialmente las ratas. Por eso en la mansión Chaonei no hay ninguna". Un edificio antiguo, con sótanos húmedos y túneles subterráneos, sin ratas. Como si los animales supieran algo que los humanos ignoran. Como si prefirieran estar en cualquier otro lugar antes que en esa casa.

Las Investigaciones

Los expertos han pasado años investigando los extraños fenómenos de Chaonei. Han colocado videocámaras de visión nocturna, grabadoras de voz, medidores de campos electromagnéticos. Las imágenes muestran extrañas perturbaciones. Misteriosas sombras que desaparecen entre las habitaciones. Siluetas que se mueven sin origen.

En 2011, se publicó una fotografía que parecía mostrar claramente una silueta translúcida. Una figura femenina, vestida de blanco, de pie en un pasillo vacío. Para muchos expertos, era una clara evidencia de fantasmas en la mansión. Para los escépticos, era un truco de luz, un reflejo, una casualidad. Pero los vecinos, los que viven cerca, no necesitan fotografías.

Según las declaraciones de los vecinos, por las noches se oyen a menudo voces. No son susurros. Son conversaciones, discusiones, gritos. La gente llama a las autoridades, pensando que son vagabundos que han entrado en la mansión. Pero cuando la policía se presenta, no hay nadie. Las puertas están cerradas. Las ventanas, intactas. Y el silencio, absoluto.

Con los años, los agentes se han negado a acceder a la mansión. Prefieren no entrar. Prefieren no ver lo que pueda haber dentro.

Una vecina, que vive justo enfrente, contó su experiencia: "Muchas noches no puedo ni dormir, ya que escucho estas voces y lamentos muy claros. Una vez incluso me acerqué porque vi la luz de una vela. Cuando estaba cerca de la ventana, pude observar una silueta oscura y translúcida. Desde entonces evito acercarme".

La gente que pasa frente a Chaonei número 81 asegura experimentar una profunda sensación de miedo o aprensión. No es un miedo racional. Es visceral, primario. El cuerpo sabe que no debe estar allí. Las piernas se vuelven pesadas, el corazón late más rápido, la piel se eriza.

Se dice que durante los húmedos meses de verano, el pórtico de la mansión es mucho más frío que cualquier otra entrada con sombra. No es una brisa. Es un frío seco, penetrante, que parece venir del interior de la tierra. 

En 2014, la película "La Casa que nunca muere" dramatizó la leyenda de Chaonei número 81. El éxito fue arrollador. Atrajo a multitud de curiosos, que acudieron a la mansión en busca de emociones fuertes. Algunos volvieron con historias que contar. Otros, simplemente, volvieron asustados.

La película solidificó su estatus como casa encantada. Hoy, Chaonei es conocida en toda China. Los turistas se toman fotos frente a la fachada, pero pocos se atreven a mirar por las ventanas.  

La mansión de Chaonei sigue en pie. Las oficinas se alquilan durante el día, y los trabajadores entran y salen con sus maletines y sus ordenadores. Pero cuando cae la noche, el edificio se vacía. Y entonces, los muertos despiertan.

Porque en Pekín, la ciudad de los rascacielos y las luces de neón, aún hay rincones donde los muertos no descansan. Donde una esposa abandonada sigue esperando el regreso de un marido que nunca volverá. Donde un sacerdote desaparecido sigue predicando a una congregación que no puede oírlo. Donde las ratas, sabias, prefieren estar en cualquier otro lugar.

Chaonei. La casa que nunca muere. Y que, quizá, nunca morirá.