HOTEL BAKER:

201 E. Hubbard St. Mineral Wells, Palo Pinto, Texas.

Carretera y manta, amigos de lo desconocido. El lugar al que hoy nos adentramos no es un castillo europeo ni una abadía milenaria. Es un rincón de América profunda, en el corazón de Texas, donde el azufre y la esperanza se mezclaron en un agua que prometía la vida eterna y entregó, en demasiadas ocasiones, la muerte.
Hablamos del Hotel Baker, en Mineral Wells. Un rascacielos solitario en medio de la pradera, testigo de curanderos, millonarios, gánsteres y suicidios.
Un lugar en cuyos pasillos, cuyos sótanos, cuyas habitaciones tapiadas, nunca han estado realmente vacíos.

Para entender Baker, hay que olvidar el lujo de sus habitaciones. Hay que ir al principio: al verano de 1880. Un perforador de pozos, pagado con unos pocos bueyes, excavó un agujero, un pozo en la propiedad de James Alvis Lynch y su esposa Armanda.
El agua que brotó tenía un sabor extraño, metálico, desagradable. Tanto que los Lynch prefirieron dársela solo al ganado. Hasta que un día, ellos mismos la bebieron. Y entonces ocurrió el "milagro": sus reumatismos menguaron. Las noticias corrieron como el viento de la pradera.

Vecinos, forasteros, enfermos llegados de todo Texas, todos querían beber de aquella agua que olía a azufre pero sabía a salvación. No era magia, por supuesto. El agua contenía litio, un estabilizador del ánimo y relajante muscular. Algo útil, pero no una panacea. Pero en aquella época de elixires milagrosos y vendedores de esperanza, el agua de Mineral Wells se promocionó como la cura para todo: desde la artritis hasta el cáncer. Y así, cientos de personas viajaron hasta aquí con sus últimos ahorros, con sus últimos días, buscando una cura que no llegaría.

La mayoría no sobrevivió. Murieron en la ciudad, y muchos lugareños creen que los espíritus de los que murieron mientras esperaban recibir tratamiento, rondan los terrenos del hotel. Aún hoy, vagan por sus pasillos. Todavía están resentidos después de haber sido engañados por la falsa promoción de esta agua curativa. 

El Rascacielos del Desierto

Con la fiebre del agua, nació la ciudad de Mineral Wells en 1881, con el propio Lynch como primer alcalde.
Cuatro décadas después, en 1925, los habitantes levantaron este coloso de ladrillo: el Hotel Baker, el primer rascacielos construido lejos de una gran metrópoli. Catorce pisos, 450 habitaciones, dos salones de baile, bolera, gimnasio, piscina al aire libre, y el famoso "Cloud Room", un club nocturno en las alturas.
Fue inaugurado el 9 de noviembre de 1929, apenas días antes del crack del 29. Un mal augurio, quizá.
Pero el Baker vivió su época dorada. Recibió a Clark Gable, a Judy Garland, al presidente Ronald Reagan, y a los forajidos Bonnie y Clyde

Hasta que el 30 de abril de 1963, las puertas se cerraron por primera vez. Reabrió en 1965, cuando un grupo de inversionistas locales arrendó la estructura a la familia Baker, pero el renacer fue breve. El 3 de diciembre de 1967, Earl Maynard Baker, de 74 años, fue encontrado inconsciente en el suelo de su suite. Murió de un ataque al corazón.
El hotel cerró definitivamente en 1972.

Oficialmente, la causa fue la falta de negocio. Extraoficialmente, muchos creen que fue algo más. Algo que asustaba a los huéspedes. Algo que se cobró la reputación del lugar.

Virginia, la Dama de los Labios Rojos

El fantasma más famoso del Baker es el de Virginia Brown. Una mujer de la que poco se sabe, pero mucho se intuye. Algunos dicen que era la esposa del gerente; otros, la amante del propio Baker. Lo único seguro es que se suicidó lanzándose desde lo más alto del hotel. Cayó al vacío. Su cuerpo se estrelló contra el suelo, pero su espíritu se quedó flotando entre los pisos.

Los huéspedes de la suite del séptimo piso, donde ella residía, han reportado marcas de labial rojo en los vasos. En el vestíbulo, aún se escucha el chasquido rítmico de sus tacones de aguja, caminando de un lado a otro, sin prisa, como si esperara a alguien que nunca llega. Y por la noche, un aroma a lavanda, el perfume que usaba Virginia, inunda las habitaciones vacías.

Los visitantes de la zona han afirmado oler también el humo del cigarro de Baker y que les faltan pequeños artículos de sus bolsos o bolsillos... solo para ser encontrado en las instalaciones por guías turísticos más tarde.

El Ascensorista Partido en Dos

Douglas Moore tenía solo 16 años cuando empezó a trabajar en el Baker, el 16 de enero de 1948.
Era el operador del ascensor. Una noche, hizo el tonto con un amigo. Saltaron dentro y fuera de la cabina mientras estaba en movimiento. En una de esas, Douglas no metió el cuerpo lo bastante lejos. La puerta se cerró sobre él, y el ascensor comenzó a subir.
Su amigo trató de sacarlo tirando de las piernas, de darle una oportunidad. Pero la fuerza de la maquinaria le aplastó el abdomen. Pasó más de media hora atrapado, en un dolor inimaginable. Hasta que pudo ser sacado, para morir en el hospital.

Desde entonces, los huéspedes han visto la aparición de un joven de medio cuerpo. Sólo de cintura para arriba. Flotando donde sus piernas deberían estar.
En una extraña coincidencia, su único hermano, Thomas, también murió siendo adolescente en un horrible accidente en Mineral Wells. La muerte, a veces, tiene una memoria de hierro.

 La Mujer que Voló desde el Balcón

En los años 50, una mujer ebria trató de saltar desde el balcón del salón de baile a la piscina. Fue un acto de bravuconería, o quizá una apuesta. Algunos dicen que competía con su novio, que había corrido escaleras abajo hacia la terraza.
Otros aseguran que alguien la empujó.
Lo cierto es que no llegó al agua. Su cuerpo se estrelló contra el borde de la piscina. Hoy, su silueta aún se pasea por el balcón, mirando al vacío, como si aún planeara el salto.


La Novia del Espejo

Una camarera del comedor tuvo una experiencia que la dejó paralizada de terror. Entró en una habitación vacía y en el espejo vio el reflejo de una novia y su novio. Vestidos de gala, sonrientes, como si estuvieran celebrando una boda. Cuando se dio cuenta de que en la habitación no había nadie, el pánico la invadió. Lo peor fue que el novio la miró fijamente a los ojos. Y luego, lentamente, su imagen se desvaneció.

El Cocinero y la Sirvienta

Otra leyenda: el cocinero del hotel mantenía un affaire con una de las sirvientas. La mujer, cansada de ser la amante, amenazó con contarlo a la esposa del cocinero. Él, en un ataque de ira, la apuñaló hasta matarla en la despensa.
Hoy, las visitantes que entran en la cocina a veces escuchan una voz de mujer que les susurra: "Largo de aquí". Como si la víctima, desde el más allá, echara a cualquier otra mujer que pudiera repetir su historia.

El Niño de la Pelota

Un espíritu infantil, un niño de unos seis años, juega en los pasillos. Va acompañado de un gran perro peludo.
Una médium que visitó el hotel contactó con él:  había muerto en 1933. Sus padres lo trajeron a Mineral Wells buscando una cura para su leucemia. No la encontraron. El niño no se siente solo: una mujer mayor, quizá su abuela, quizá una enfermera, lo vigila desde la distancia. Cuando quiere llamar la atención, hace botar una pelota de goma.

La Prostituta en Vitrina

Uno de los relatos más macabros es el de una prostituta asesinada. La estrangularon con sus propias medias. La dirección del hotel, en lugar de avisar a la policía, embalsamó su cuerpo y lo exhibió en el vestíbulo bajo una vitrina de cristal. Querían que alguien la identificara. Nadie la reclamó. Estuvo una semana entera allí, mirando el techo con los ojos vacíos. La enterraron en un cementerio local sin nombre. Pero su espíritu se quedó en el vestíbulo. En las noches tranquilas, aún se escucha su llanto.

Los antiguos registros del Hotel Baker tienen páginas y páginas de “quejas” de los que alguna vez visitaron el hotel sobre fenómenos sin explicación, algo que según los expertos pasó factura a su reputación. Son muchos, los que creen que se vio obligado a cerrar por este motivo.

Los Veteranos y la Cena Fantasma

Ya en los últimos años del hotel, un grupo de veteranos de la Segunda Guerra Mundial entró en el comedor. De repente, comenzaron a oír algo: conversaciones, el sonido de platos, música tenue de orquesta, como si hubiera una gran cena de gala.
No había nadie.
Era un eco, una superposición del tiempo, como si el pasado hubiera decidido repetirse.

En los años 90, una empleada de un banco local comenzó a notar algo extraño: las ventanas del Baker, que llevaba años cerrado, a veces aparecían abiertas, a veces cerradas.
Llevó un registro durante semanas, buscando un patrón, una explicación. Se lo comentó a una compañera, que dijo: "Seguro que es el encargado". Años después, la empleada descubrió que desde 1970 no había encargado ni vigilante. Las ventanas se movían solas. Y nadie podía explicarlo.

Los fenómenos paranormales incluso han obligado a algunos vagabundos a abandonar el lugar en medio de la noche.

Los Números y las Muertes

Cualquier hotel con décadas de historia acumula tragedias. Pero el Baker parece haberlas acumulado con avaricia. En 1944, un investigador civil federal se arrojó desde la ventana de la habitación 919. El FBI investigó. No encontraron nada sospechoso.
En 1952, un hombre alquiló una habitación, subió las escaleras y se cortó la garganta.
En los años 40, un hombre mató a otro en el vestíbulo por una disputa de aparcamiento. El asesino fue declarado culpable, pero liberado. Razón suficiente para que la víctima deambule con ira.

Y luego están los túneles. Se rumorea que bajo el hotel hay una red de pasadizos secretos. El único confirmado va del hotel a la piscina. Pero se cree que originalmente se extendía hacia el noreste, hasta la torre de agua. Nadie ha cartografiado por completo esos subterráneos. Y ya se sabe: cuando un lugar tiene túneles, tiene secretos. Y cuando tiene secretos, tiene muertos que los custodian.

En el año 2000, dos equipos de cazadores de lo paranormal se reunieron en el Baker. Equipos escépticos, equipos científicos. Lo que encontraron los dejó helados: concentraciones anormales de orbes, ecos de voces, sombras que seguían a los investigadores.
Los psíquicos que acompañaban la operación declararon haber sentido más de 50 espíritus diferentes. Cincuenta. No es un alma perdida. Es una multitud.

Hoy, el Hotel Baker está en rehabilitación. Las grúas y los andamios cubren su fachada. Los obreros trabajan durante el día. Se espera que vuelva a abrir sus puertas en 2028. Y volverá a ser un hotel de lujo, probablemente. Con wifi, aire acondicionado y minibar.

Pero los que conocen su historia, los que han investigado sus habitaciones, saben que un hotel puede restaurarse, pero los muertos no entienden de reformas.

Si alguna vez se hospeda en el Baker cuando reabra, no pida la suite del séptimo piso. No se acerque al ascensor de servicio después de medianoche. No mire fijamente los espejos. Y si escucha el sonido de una pelota botando en el pasillo, no salga a mirar.  

Mineral Wells, Texas. Un lugar donde el agua prometió la vida eterna. Y el hotel, esa catedral de ladrillos, se convirtió en el último refugio de los que vinieron a buscarla. De los que no la encontraron. Y de los que, al morir, decidieron quedarse.

Porque en el Baker, la muerte no es la salida. Es la recepción. Y los huéspedes, esos, nunca se van del todo.