HOTEL BAKER:
201 E. Hubbard St. Mineral Wells, Palo Pinto, Texas.
Hablamos del Hotel Baker, en Mineral Wells. Un rascacielos solitario en medio de la pradera, testigo de curanderos, millonarios, gánsteres y suicidios.
Un lugar en cuyos pasillos, cuyos sótanos, cuyas habitaciones tapiadas, nunca han estado realmente vacíos.
El agua que brotó tenía un sabor extraño, metálico, desagradable. Tanto que los Lynch prefirieron dársela solo al ganado. Hasta que un día, ellos mismos la bebieron. Y entonces ocurrió el "milagro": sus reumatismos menguaron. Las noticias corrieron como el viento de la pradera.
Cuatro décadas después, en 1925, los habitantes levantaron este coloso de ladrillo: el Hotel Baker, el primer rascacielos construido lejos de una gran metrópoli. Catorce pisos, 450 habitaciones, dos salones de baile, bolera, gimnasio, piscina al aire libre, y el famoso "Cloud Room", un club nocturno en las alturas.
Fue inaugurado el 9 de noviembre de 1929, apenas días antes del crack del 29. Un mal augurio, quizá.
Hasta que el 30 de abril de 1963, las puertas se cerraron por primera vez. Reabrió en 1965, cuando un grupo de inversionistas locales arrendó la estructura a la familia Baker, pero el renacer fue breve. El 3 de diciembre de 1967, Earl Maynard Baker, de 74 años, fue encontrado inconsciente en el suelo de su suite. Murió de un ataque al corazón.
El hotel cerró definitivamente en 1972.
Oficialmente, la causa fue la falta de negocio. Extraoficialmente, muchos creen que fue algo más. Algo que asustaba a los huéspedes. Algo que se cobró la reputación del lugar.
Virginia, la Dama de los Labios Rojos
El fantasma más famoso del Baker es el de Virginia Brown. Una mujer de la que poco se sabe, pero mucho se intuye. Algunos dicen que era la esposa del gerente; otros, la amante del propio Baker. Lo único seguro es que se suicidó lanzándose desde lo más alto del hotel. Cayó al vacío. Su cuerpo se estrelló contra el suelo, pero su espíritu se quedó flotando entre los pisos.
Los huéspedes de la suite del séptimo piso, donde ella residía, han reportado marcas de labial rojo en los vasos. En el vestíbulo, aún se escucha el chasquido rítmico de sus tacones de aguja, caminando de un lado a otro, sin prisa, como si esperara a alguien que nunca llega. Y por la noche, un aroma a lavanda, el perfume que usaba Virginia, inunda las habitaciones vacías.
Los visitantes de la zona han afirmado oler también el humo del cigarro de Baker y que les faltan pequeños artículos de sus bolsos o bolsillos... solo para ser encontrado en las instalaciones por guías turísticos más tarde.
El Ascensorista Partido en Dos
Douglas Moore tenía solo 16 años cuando empezó a trabajar en el Baker, el 16 de enero de 1948.
Era el operador del ascensor. Una noche, hizo el tonto con un amigo. Saltaron dentro y fuera de la cabina mientras estaba en movimiento. En una de esas, Douglas no metió el cuerpo lo bastante lejos. La puerta se cerró sobre él, y el ascensor comenzó a subir.
Su amigo trató de sacarlo tirando de las piernas, de darle una oportunidad. Pero la fuerza de la maquinaria le aplastó el abdomen. Pasó más de media hora atrapado, en un dolor inimaginable. Hasta que pudo ser sacado, para morir en el hospital.
En una extraña coincidencia, su único hermano, Thomas, también murió siendo adolescente en un horrible accidente en Mineral Wells. La muerte, a veces, tiene una memoria de hierro.
La Mujer que Voló desde el Balcón
Otros aseguran que alguien la empujó.
Lo cierto es que no llegó al agua. Su cuerpo se estrelló contra el borde de la piscina. Hoy, su silueta aún se pasea por el balcón, mirando al vacío, como si aún planeara el salto.
Hoy, las visitantes que entran en la cocina a veces escuchan una voz de mujer que les susurra: "Largo de aquí". Como si la víctima, desde el más allá, echara a cualquier otra mujer que pudiera repetir su historia.
Una médium que visitó el hotel contactó con él: había muerto en 1933. Sus padres lo trajeron a Mineral Wells buscando una cura para su leucemia. No la encontraron. El niño no se siente solo: una mujer mayor, quizá su abuela, quizá una enfermera, lo vigila desde la distancia. Cuando quiere llamar la atención, hace botar una pelota de goma.
Los antiguos registros del Hotel Baker tienen páginas y páginas de “quejas” de los que alguna vez visitaron el hotel sobre fenómenos sin explicación, algo que según los expertos pasó factura a su reputación. Son muchos, los que creen que se vio obligado a cerrar por este motivo.
Los Veteranos y la Cena Fantasma
Ya en los últimos años del hotel, un grupo de veteranos de la Segunda Guerra Mundial entró en el comedor. De repente, comenzaron a oír algo: conversaciones, el sonido de platos, música tenue de orquesta, como si hubiera una gran cena de gala.
No había nadie.
Era un eco, una superposición del tiempo, como si el pasado hubiera decidido repetirse.
Llevó un registro durante semanas, buscando un patrón, una explicación. Se lo comentó a una compañera, que dijo: "Seguro que es el encargado". Años después, la empleada descubrió que desde 1970 no había encargado ni vigilante. Las ventanas se movían solas. Y nadie podía explicarlo.
Los fenómenos paranormales incluso han obligado a algunos vagabundos a abandonar el lugar en medio de la noche.
En 1952, un hombre alquiló una habitación, subió las escaleras y se cortó la garganta.
En los años 40, un hombre mató a otro en el vestíbulo por una disputa de aparcamiento. El asesino fue declarado culpable, pero liberado. Razón suficiente para que la víctima deambule con ira.
Los psíquicos que acompañaban la operación declararon haber sentido más de 50 espíritus diferentes. Cincuenta. No es un alma perdida. Es una multitud.
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