BARRANCO DE BADAJOZ:
Es el Barranco de Badajoz. Los lugareños lo llaman de otra forma: Chamoco.
Esto no es un simple accidente geográfico. Es un escenario abierto para lo imposible. Un epicentro de misterio que atrae a peregrinos de lo insólito de todo el planeta. La ciencia no ha logrado explicar lo que allí ocurre. Pero la cantidad de testimonios es tan abrumadora que ya no se trata de especulación. Algo sucede. Algo que desafía toda lógica.
Ovnis, seres blancos, teleplastias, cánticos sin fuente visible, luces que se mueven como si tuvieran conciencia… Son solo algunas de las historias que circulan entre los tinerfeños. Y todas tienen un denominador común: el barranco.
Lo que hallaron no fue un animal. Fue una puerta. Tallada en la roca viva, adornada con símbolos que no pertenecen a este mundo. Al extender la mano para tocarla, una luz cegadora los envolvió. Uno de ellos, un joven llamado Achamán, se desvaneció para siempre. La tierra se lo tragó sin dejar rastro. Los supervivientes, presas del terror, juraron hasta el día de su muerte haber escuchado voces que surgían de la piedra. Hablaban en una lengua antinatural. Una lengua que no era humana.
El terror hizo que los mineros huyeran montaña abajo, buscando a la Guardia Civil. Cuando regresaron, armados y con linternas, la galería descubierta estaba sumida en la oscuridad total. No había rastro de los seres. Solo el silencio. Y el eco de algo que se había retirado a lo profundo.
El fotógrafo Teyo Bermejo, actuando por puro instinto, disparó su cámara hacia el vacío. La imagen resultante es estremecedora. Una silueta alada, una forma espectral capturada para la posteridad. Algo con alas. Algo que no debería estar allí.
Hay 7 minas para la extracción de agua situadas en el Barranco:
El Almagre con 2.900 metros de longitud. Chamoco es la galería más escondida y la más larga, tiene 4.086 metros de longitud.
Aceviño con 2.275 metros cuenta con edificaciones en su entrada que sirvieron de alojamiento a los mineros y almacén de máquinas y herramientas.
Nuestra señora del Socorro con 1.879 metros de galería.
El Cañizo de 1.815 metros es la mina más corta del Barranco.
Izaña la más antigua ya que las excavaciones comenzaron en 1912. Se ignora la longitud de esta mina.
Cuando la niebla se espesa, el niño parece sonreír. Cuando la noche cae, sus ojos se vuelven huecos. Como si no fuera una formación geológica. Como si alguien, algo, hubiera esculpido aquel rostro para vigilar a los intrusos.
La Daga Nazi y el Secreto del Reich
Y entre las sombras de la historia, surge incluso el espectro del nazismo. Algunos investigadores, basados en la presencia confirmada de los alemanes en el archipiélago durante la Segunda Guerra Mundial, sugieren que los nazis pudieron haber estado en el barranco. ¿Buscaban algo? ¿Sabían algo que nosotros ignoramos?
El hallazgo clave ocurrió el 28 de julio de 1991. Se encontró en el Barranco de Badajoz la empuñadura de una daga. Un embellecedor con la figura de un ser alado. Símbolos esotéricos. Runas. Nada casual. ¿Conocían los nazis algún secreto ancestral? ¿Acaso el Tercer Reich puso sus ojos en Chamoco mucho antes de que los excursionistas lo hicieran?
La Niña que Regresó del Tiempo
Corría el año 1905. Una niña fue enviada por sus padres a recoger fruta para el postre. Subió la ladera. Se adentró entre los árboles. Y se esfumó. La búsqueda fue intensa. Los vecinos recorrieron el barranco palmo a palmo. No encontraron ni una prenda, ni una huella, ni un rastro. Era como si la tierra se la hubiera tragado.
Treinta años después, la niña regresó. Llegó a su casa con la misma edad, la misma ropa. Como si apenas hubieran pasado unos minutos. Sus padres, envejecidos por el dolor y el tiempo, no podían creer lo que sus ojos veían.
La niña relató entonces su encuentro con un ser alto, vestido de blanco, que la atrajo hasta una cueva. Dentro, descendieron por una escalera labrada en la roca. Llegaron a un jardín resplandeciente, donde más seres como él la recibieron. Hablaron. Para ella, la conversación duró apenas unos instantes. Luego, el ser la acompañó de vuelta. Al mismo instante del que se había marchado.
Treinta años fuera. Treinta años en casa. El tiempo, en Chamoco, parece plegarse sobre sí mismo.
El Último Demonio Guanche: Tibicenas
Más allá de ovnis y luces espectrales, más allá de las cámaras que fallan y las voces que surgen de la piedra, el barranco es el refugio de una entidad ancestral. Los Tibicenas.
Seres demoníacos de la mitología aborigen. Los describen como perros oscuros, gigantescos, lanudos, de ojos rojos como brasas. Habitan en los barrancos más profundos, en las grietas donde la luz no llega.
Hoy, algunos testigos juran haber visto su sombra alargada reptando entre las rocas. Ojos rojos en la oscuridad. Aliento caliente en la nuca.
El perro acompañó al grupo un rato, y luego volvió al interior del barranco. Cuando revelaron la foto, el perro no estaba. La imagen mostraba al grupo, sonriente, en el mismo lugar donde habían posado. Pero el animal había desaparecido. Como si nunca hubiera existido.
Desde los antiguos guanches hasta los excursionistas modernos, todos los que han cruzado sus senderos han sentido algo. Una presencia. Un escalofrío. La certeza de que algo los observa, los acompaña… o los espera.


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