BARRANCO DE BADAJOZ:

No todos los lugares se pueden explicar con un mapa. Algunos se trazan con susurros, con leyendas que se heredan en la penumbra de las noches canarias. En el sureste de Tenerife, en el municipio de Güímar, se abre una grieta en la tierra que desafía la razón: el Barranco de Badajoz, también conocido como Chamoco. Este no es un simple accidente geográfico; es un escenario abierto para lo imposible, un epicentro de misterio que atrae a peregrinos de lo insólito de todo el mundo.

Aunque la ciencia no ha logrado explicar lo que ocurre allí, la cantidad de testimonios es tan abrumadora que ya no se trata de especulación: algo sucede. Algo que desafía toda lógica.

Ovnis, seres blancos, teleplastias, cánticos sin fuente visible, luces que se mueven como si tuvieran conciencia… Son solo algunas de las historias que circulan entre los tinerfeños. Y todas tienen un denominador común: el barranco.

La Puerta y los Seres de Luz

Cuentan los ancianos que un grupo de pastores guanches penetró en la garganta de Chamoco tras una cabra extraviada. Lo que hallaron no fue un animal, sino una puerta. Tallada en la roca viva, adornada con símbolos que no pertenecen a este mundo. Al extender la mano para tocarla, una luz cegadora los envolvió. Uno de ellos, Achamán, se desvaneció para siempre. Los supervivientes, presas del terror, juraron hasta el día de su muerte haber escuchado voces que surgían de la piedra, hablando en una lengua antinatural.

Esa puerta parece abrirse una y otra vez. En 1912, dos trabajadores de las galerías de agua de Izaña vieron cómo la pared que excavaban se derrumbaba, revelando una galería oculta. Fue en ese momento cuando tres seres luminosos hicieron acto de presencia, acercándose a ellos como si levitasen sobre el suelo. El terror hizo que los mineros huyeran, buscando a la Guardia Civil. Al volver, la galería descubierta estaba sumida en una oscuridad total, sin rastro de la presencia espectral.


Expediciones a lo Desconocido

En 2005, tres amigos documentaron una expedición que los marcaría. Mientras descendían, una sensación unánime los recorría: algo revoloteaba sobre sus cabezas, un aleteo invisible que los obligaba a agacharse al unísono. El fotógrafo Teyo Bermejo, actuando por puro instinto, disparó su cámara hacia la nada. La imagen resultante es estremecedora: una silueta alada, una forma espectral capturada para la posteridad.

Pero la evidencia visual fue solo el comienzo. Pronto, el susurro de alas se mezcló con el llanto desgarrador de un niño y unos graznidos profundos, guturales, que no pertenecen a ningún animal conocido. 

No son los únicos. Multitud de testigos relatan experiencias idénticas: luces que orbitan las paredes del barranco, nieblas que se materializan en días de sol, cámaras que fallan sin explicación y una voz desagradable, surgida de las entrañas de la tierra, que a veces se transforma en un canto gregoriano de origen fantasmal.

Hay 7 minas para la extracción de agua situadas en el Barranco:

Acaymo es conocida también como la  “Cueva negra”, con una longitud de 1.975 metros. 
El Almagre con 2.900 metros de longitud.
Chamoco es la galería más escondida y la más larga, tiene 4.086 metros de longitud. 
Aceviño con 2.275 metros 
cuenta con edificaciones en su entrada que sirvieron de alojamiento a los mineros y almacén de máquinas y herramientas. 
Nuestra señora del Socorro con 1.879 metros de galería.
El  Cañizo de 1.815 metros es la mina más 
corta del Barranco.
Izaña la más antigua ya que las excavaciones comenzaron en 1912. Se ignora la longitud de 
esta mina.

En la pared suroeste, justo encima de la mina Acaymo, el relieve de la montaña forma un rostro de una nitidez sobrecogedora: la Cara del Niño, que observa impasible a quienes se atreven a entrar. Algunos aseguran que cambia de expresión según el clima.

Y entre las sombras de la historia, surge incluso el espectro del nazismo. Algunos investigadores, basados en la presencia confirmada de los alemanes en el archipiélago, sugieren que los nazis pudieron haber estado en el barranco. El hallazgo clave: el 28 de julio de 1991, se encontró en el Barranco de Badajoz la empuñadura o embellecedor de una daga con la figura de un ser alado. ¿Conocían algún secreto ancestral?

La Niña que Regresó del Tiempo

Corría el año 1905 cuando una pequeña fue enviada a recoger fruta para el postre. La niña se esfumó. La búsqueda fue intensa, un rastreo angustiado que no arrojó ni un solo indicio. Era como si la tierra se la hubiera tragado.

Treinta años después, la niña regresó. Llegó a su casa con la misma edad, la misma ropa, como si apenas hubieran pasado unos minutos. Sus padres, envejecidos por el dolor y el tiempo, no podían creer lo que sus ojos veían. La niña relató entonces su encuentro con un ser alto, vestido de blanco, que la atrajo hasta una cueva. Dentro, descendieron por una escalera hasta un jardín resplandeciente, donde más seres como él la recibieron. Tras una charla que para ella fue breve, el ser la acompañó de vuelta al mismo instante del que se había marchado.

El Último Demonio Guanche: Tibicenas

Más allá de OVNIs y luces espectaculares que sobrevuelan la montaña, el barranco es el refugio de una entidad ancestral.

El Tibicenas, un ser demoníaco de la mitología aborigen, descrito como un perro oscuro, gigantesco, lanudo y de ojos rojos, habita en los barrancos más profundos.
La leyenda se remonta a los tiempos en que Guayota, el diablo, raptó al dios sol Magec y lo encerró en el Teide, sumiendo a la isla en la oscuridad.
Durante ese periodo nacieron los Tibicenas, que huyeron de Guayota y se escondieron en lugares como el Chamoco.

La existencia de estos demonios, a los que los guanches rendían culto para evitar desgracias (prueba de ello son los pequeños ídolos de barro encontrados en lugares como La Aldea de San Nicolás), podría estar ligada a una raza extinta de perros de gran tamaño cuyos cráneos han sido hallados en yacimientos.  Hoy, algunos testigos juran haber visto su sombra alargada reptando entre las rocas.

Otra historia que tiene que ver con un perro, pasó una noche de verano a una vecina de Güímar, que acudió con sus amigos a dar una vuelta por el barranco encontrándose con un perro que se unió a la comitiva. Se hicieron una foto con él con una cámara analógica y después el perro volvió al interior del barranco. Cuando revelaron la foto, el perro no estaba…

El Barranco de Badajoz no es solo un rincón geográfico de Tenerife. Es un crisol de leyendas, un escenario donde lo inexplicable se manifiesta con una frecuencia inquietante. Desde los antiguos guanches hasta los excursionistas modernos, todos los que han cruzado sus senderos han sentido que algo los observa, que algo los acompaña… o los espera.

¿Es el Barranco de Badajoz una puerta hacia otra dimensión? ¿Un punto de contacto entre nuestro mundo y algo más antiguo, más sabio… o más oscuro? ¿Un lugar donde el tiempo se pliega y los mitos cobran vida?

Quizás nunca lo sepamos con certeza. Pero si alguna vez decides adentrarte en Chamoco, hazlo con respeto, con cautela… y nunca solo. Porque en ese barranco, el silencio habla, la niebla piensa, y las piedras recuerdan.

Y tú, ¿te atreverías a entrar?