FARO DE EILEAN MOR:
Islas de Flannan, en las Hébridas, costa escocesa.
Se construyó el faro de 23m. entre 1896-1899. Su luz podía ser vista hasta a 30km de distancia.
Las islas Flannan son un archipiélago de siete islotes deshabitados. Toman su nombre de Flannan Mac Toirrdelbaig, un obispo del siglo VII que evangelizó la zona y en sus últimos días se retiró a la isla de Eilean Mòr.
Estas islas eran evitadas y asociadas a figuras malignas típicas del folclore escocés: brujas y kelpies, porque su niebla frecuente y rocas facilitaban los naufragios.
El primer registro de que algo era anormal en el faro sucedió en la noche del 15 de diciembre de 1900, cuando el vapor Archtor, anotó en su cuaderno de bitácora que la luz del faro no estaba encendida a pesar de las condiciones climáticas adversas.
El 26 de diciembre de 1900, el barco de aprovisionamiento del faro, el Hesperus, iba rumbo a la isla Eilean Mor. Las únicas personas que la habitan son los guardianes del faro. Si bien es cierto que en la actualidad los faros están automatizados, hasta no hace mucho en esta isla solían haber tres fareros, tres personas que solían trabajar durante varias semanas seguidas, para después ser sustituidos por un equipo nuevo.
Eso es lo que se pretendía hacer esa noche.
Sustituir a Thomas Marshall, el segundo ayudante, A James Ducat, el guardián Principal, y a William MacArthur, el tercer asistente.En aquella ocasión esos tres hombres serían devueltos a sus casas para dejar en la isla a un sólo hombre, a Joseph Moore. Cuando el capitán del barco James Harvey llegó a tierra junto con Joseph hicieron sonar la bocina de llegada y además, lanzaron una bengala. Pero no obtuvieron respuesta. Y aquello no era normal.
No había ni rastro de los tres guardianes del faro. Encontró la puerta de entrada al complejo y la puerta principal del faro ambas cerradas, las camas sin hacer, en la chimenea las cenizas frías y el reloj de pared parado al no habérsele dado cuerda. Las lámparas estaban rellenas, todo permanecía limpio y en orden, sin la menor señal de violencia, aparte de una silla volcada junto a la mesa de la cocina. Algo malo había ocurrido…Llamaron por radio a comandancia y a seguridad civil para anunciar de la desaparición de los 3 hombres, quedándose aquella noche para aguardar refuerzos al día siguiente.
La persona destinada a llevar a cabo las investigaciones fue Robert Muirhead, policía y, además, amigo de aquellos tres hombres. Lo primero que hizo fue leer el registro de actividad del faro, las notas que los guardianes dejaban reflejado a modo de diario personal, donde se registraba todo aquello curioso que acontecía en el mar o en la isla. La última entrada fue del 12 de diciembre, donde Thomas Marshall, escribió: “tenemos vientos severos, nunca antes había visto algo así. Es terrible. MacArthur, el tercer asistente, no para de llorar”.
Aquello era realmente extraño, puesto que todos los que conocían a McArthur sabían que además de farero, era un navegante experimentado, y un valentón de las tabernas, entonces ¿por qué estaría llorando por una tormenta y unos vientos fuertes?
Los hombres registraron cada rincón de la isla en busca de pistas sobre el destino de los guardianes. Todo estaba intacto en el embarcadero este, pero el oeste proporcionó evidencia considerable de daños causados por tormentas recientes. Una caja a 33 metros sobre el nivel del mar había sido rota y sus contenidos esparcidos; las barandillas de hierro estaban dobladas, los raíles de hierro del ferrocarril habían sido arrancados de su hormigón, y una roca que pesaba más de una tonelada había sido desplazada. En la cima del acantilado, a más de 60 metros sobre el nivel del mar, la hierba había sido arrancada hasta 10 metros del borde del acantilado.
Se esperaba que en los próximos días el mar trajera sus cuerpos, porque una de las posibilidades es que hubieran perecido en la tormenta o en esos vientos de los que hablaban. No obstante, el mar nunca trajo ningún cuerpo, ninguna pista. Nunca se supo nada…
Una de las teorías es que un hombre pudo haber caído al mar y entonces sus compañeros, que intentaban rescatarle, fueron también barridos por las olas. Otra, es que los hombres pudieron tener una discusión y en el forcejeo se cayeran al mar.
Otra teoría es que uno de los hombres se volvió loco, asesinó a los otros dos, lanzó sus cuerpos al mar, y después saltó él.
Ahora bien, los siguientes guardianes que ocuparon el faro, siempre tuvieron clara una cosa: que Thomas Marshall, James Ducat y William McArthur estaban muertos. ¿La razón? Porque sus fantasmas, sus espíritus seguían en el faro. Tres sombras oscuras que aparecían y desaparecían. Tres corrientes frías que erizaban la piel en noches de tormenta, tres presencias silenciosas que hacían imposible poder pasar más de un día en Eilean Mor, tanto era así, que muchos quedaron aliviados el día 28 de septiembre de 1971 en que, por fin, las labores del faro quedaron mecanizadas por un ordenador.
Nadie fue capaz ni una sola vez de enfrentarse a esas tres “supuestas” sombras y preguntarles qué les había ocurrido, cuál había sido su terrible final.
La película de suspense de 2018 The Vanishing (el misterio del faro), se basa en esta historia.


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