CASTILLO DE FYVIE:
Situado en Fyvie, cerca de Turriff en Aberdeenshire, Escocia.
El condado de Aberdeenshire, en el noreste de Escocia, es una tierra de colinas verdes y castillos de piedra. Entre campos de cultivo y bosques centenarios, cerca de la pequeña localidad de Turriff, se alza una fortaleza que ha visto pasar ocho siglos de historia.
Es el Castillo de Fyvie. Una mole de granito que comenzó siendo un pabellón de caza de Robert Bruce en el siglo XIII, y que a lo largo de los años fue creciendo, torre a torre, familia a familia. Cinco dinastías diferentes lo habitaron, cada una añadiendo su propia torre, de modo que el castillo hoy luce cinco construcciones distintas.
La más antigua, la torre de Preston, data de finales del siglo XIV, se atribuye a Henry Preston, que fue el señor de 1390 a 1433. Entre sus muros vivió el famoso Lord Byron. Pero también, según cuentan, una maldición que duró seis siglos. Y cinco fantasmas que aún hoy recorren sus pasillos.
Para llegar a Fyvie hay que adentrarse en las Tierras Altas, donde el cielo es grande y el viento siempre sopla. El castillo se alza en medio de un parque inmenso, con sus torres recortándose contra el horizonte. Desde fuera, parece un lugar de cuento. Pero los cuentos, a veces, son más oscuros de lo que parecen.
La Maldición del Vidente
La leyenda de Fyvie comienza con una maldición. En el siglo XIII, el legendario vidente Thomas Rhymer, un hombre que según la tradición escocesa podía ver el futuro, visitó el castillo. Nadie sabe qué ocurrió, qué ofensa recibió, qué agravio le hicieron. Pero lo cierto es que, antes de irse, pronunció unas palabras que condenaron a la estirpe de Fyvie durante generaciones: ningún heredero varón nacería dentro de los muros del castillo.
Y así fue. Durante seis siglos, la profecía se cumplió. Ningún hijo varón nacido en Fyvie sobrevivió o heredó. Los primogénitos morían, las esposas daban a luz hijas, los herederos llegaban de otras ramas familiares. La maldición pesaba sobre el castillo como una losa.
Lady Meldrum, la Dama Gris
El primer fantasma de Fyvie es el de Lady Meldrum. Murió en el siglo XIII, en circunstancias que el tiempo ha borrado. Pero antes de morir, pidió algo extraño: que su cuerpo fuera sellado en la pared de un cuarto secreto, en la torre que hoy lleva su nombre. Y así lo hicieron. Durante siglos, sus restos permanecieron ocultos, olvidados, entre la piedra.
En 1920, durante unas obras de renovación, los obreros encontraron el cuarto secreto. Y dentro, los huesos de Lady Meldrum. Desde ese día, el castillo se ha visto afectado por ruidos extraños y sucesos inexplicables. Puertas que se abren solas, pasos en los pasillos vacíos, una sensación de frío que aparece y desaparece. Y la visión de una mujer vestida de gris, que vaga por la torre Meldrum, como si aún no hubiera encontrado descanso. La llaman la Dama Gris. Y los empleados del castillo, cuando tienen que subir a la torre al anochecer, prefieren ir acompañados.
Lady Lilias, la Dama Verde
Pero el fantasma más famoso de Fyvie es el de Lady Lilias Drummond. Su historia es una de las más trágicas que guardan estos muros.
En 1592, Lilias contrajo matrimonio con Lord Alexander Drummond Seton. Fueron felices al principio, o al menos eso creía ella. Pero en nueve años de matrimonio, tuvieron cinco hijas. Ningún heredero varón. La maldición se cumplía una vez más, y Lord Drummond, frustrado, comenzó a distanciarse de su esposa. Buscó consuelo en otros brazos. Especialmente en los de Lady Grizel Leslie.
Lilias, consumida por la pena de la infidelidad de su marido, murió el 8 de mayo de 1601. Tenía solo cuarenta y nueve años. Su corazón, roto. Su cuerpo, enterrado. Pero su espíritu, según cuentan, no se fue.
Tan solo seis meses después de su fallecimiento, el viudo contrajo matrimonio con Lady Leslie. Pero la tranquilidad les iba a durar poco. La misma noche de bodas, en la alcoba nupcial, empezaron a escuchar una especie de suspiros femeninos. No había nadie más en la habitación, solo los recién casados. Pero los suspiros seguían. Como si alguien estuviera allí, observando.
A la mañana siguiente, al abrir las cortinas, encontraron algo escrito en el cristal de la ventana. Desde el exterior, como si una mano invisible hubiera trazado las letras en el vaho, aparecían las palabras: "D. Drummond Lilias". El mensaje aún sigue sobre el cristal. Los visitantes del castillo pueden verlo hoy, más de cuatro siglos después.
A partir de entonces, Lord Drummond fue perseguido por el fantasma de una mujer que brillaba en color verde. La llaman la Dama Verde. Recorre el castillo, sube y baja las escaleras, se detiene en la que fue su alcoba. Los que la han visto describen un resplandor verdoso que la rodea, como si llevara un vestido de ese color, o como si su propia alma emitiera esa luz.El coronel Cosmo Gordon, quinto señor de Gordon de Fyvie, que tuvo el castillo entre 1847 y 1879, registró en sus diarios experiencias aterradoras. Una noche, fue sacudido de la cama por manos invisibles. Otra noche, un viento se levantó en el interior del castillo cuando en el exterior todo estaba en silencio, y levantó la ropa de cama de él y de varios invitados. Nadie podía explicarlo.
Los Gordon llegaron a considerar a la Dama Verde como un presagio de muerte. Varios miembros de la familia murieron después de haberla visto. La más reciente, en 1925. Un oficial del ejército canadiense que se alojaba en el castillo se despertó en mitad de la noche y encontró la habitación llena de una luz extraña. Pequeñas llamas que jugaban alrededor de los cuadros, lo suficientemente brillantes para ver los colores con claridad. No había ninguna fuente de luz encendida. El interruptor estaba apagado. Pero la luz seguía allí. Y con ella, la sensación de que alguien más estaba en la habitación.
La Biblioteca Helada
La biblioteca de Fyvie es una habitación extraña. Pequeña, con rincones ocultos, y una temperatura que no se corresponde con el resto del castillo. Los grupos de investigación paranormal que la han visitado aseguran que aquí el termómetro baja varios grados, incluso en pleno verano. Como si algo, alguien, absorbiera el calor. Como si el frío fuera una presencia más.
El Trompetista Andrew Lammie
Otro espíritu que vaga por Fyvie es el de Andrew Lammie, un trompetista del siglo XVIII. Se enamoró de Agnes Smith, la hija del molinero local. Pero los padres de Agnes no aprobaban la relación. Al enterarse de que se reunían en secreto, el señor del castillo cogió a Andrew y lo envió a las Indias Occidentales como esclavo.
Andrew escapó años después y regresó, pero ya era demasiado tarde. Agnes había muerto poco tiempo después de su partida, de pena, o de enfermedad, o de un corazón roto.
Entonces Andrew juró algo terrible. El sonido de una trompeta precedería siempre la muerte de cada terrateniente de Fyvie. Un recordatorio eterno de la injusticia que habían cometido con él y con su amada.
Desde entonces, la trompeta se ha oído varias veces en el silencio de la noche, antes de la muerte de los señores del castillo. Y una figura oscura, un hombre alto, ha sido vista vagando por los muros. Pero cuando alguien se acerca, desaparece.
El Tesoro Perdido
Otra historia que ha contribuido a la leyenda de Fyvie es la búsqueda de un tesoro perdido que se rumorea está oculto en sus muros. Se cree que el tesoro está vinculado al fantasma que deambula por el castillo, quizá la Dama Verde o quizá la Dama Gris. Se dice que el espíritu guarda celosamente la ubicación del tesoro, y que solo aquellos dignos de su perdón podrán encontrarlo y reclamarlo.
Cazatesoros, historiadores y aventureros de todo el mundo han acudido a Fyvie, ansiosos por descubrir la verdad. Algunos aseguran haber sentido presencias, haber visto luces, haber escuchado susurros. Pero el tesoro, si existe, sigue oculto.
Las Investigaciones Paranormales
Los investigadores paranormales han llevado a cabo diversas sesiones de estudio en el castillo, utilizando tecnología especializada: cámaras infrarrojas, grabadoras de voz, medidores de campos electromagnéticos. Las evidencias recopiladas incluyen informes detallados de testigos, fotografías, y grabaciones de audio que capturan sonidos inexplicables y voces susurrantes.
Los fenómenos inexplicables han sido documentados y analizados por expertos, que continúan buscando respuestas a los misterios de esta fortaleza. Pero las respuestas, a veces, no llegan.
Cuando los equipos de televisión o radio han filmado en el castillo, todos han tenido enormes problemas de consumo de energía. No solo se agotaban las baterías, sino que las luces se apagaban sin explicación. Como si alguien, algo, estuviera drenando la electricidad. Como si los muertos no quisieran ser grabados.
Los Testimonios del Personal
Una niñera que trabajó en el castillo durante las décadas de 1930 y 1940 recordaba que el personal veía y oía cosas. Los antiguos cuartos del personal tenían un ambiente muy triste, como si allí hubieran pasado cosas malas. Un ejemplo citado es que en tiempos pasados, un señor pudo haberse encaprichado de una doncella y visitarla en los aposentos del personal, donde ella no habría tenido ninguna opción. Violencia, abuso, dolor. Esas paredes lo han visto todo.
Una guía que empezó a trabajar en abril de 1994 contó su experiencia. Estaba en el dormitorio de los Gordon, cerrando las contraventanas. Al cerrar la del lado izquierdo, sintió una brisa fría en la nuca. Estaba segura de que había alguien en la cama detrás de ella. Sin atreverse a mirar, cruzó la habitación para cerrar las contraventanas derechas. No podía mirarse al espejo por miedo a ver a otra persona y no a ella. Cuando empezó a cerrar, los pelos de la nuca se le erizaron y el frío se intensificó. Salió corriendo.
En la tienda de regalos, tuvo otra experiencia. Los dedales de porcelana con la imagen del castillo se exhibían en pequeñas cestas de mimbre. De repente, dos de los dedales literalmente rebotaron fuera de la cesta y se rompieron en muchos pedazos contra el suelo. No había nadie cerca. El visitante que estaba en la tienda juró que no había tocado nada. Y la guía lo sabía, porque había visto los dedales salir volando por sí solos.
Otra noche, antes de irse, revisó las estanterías para ver el nivel de stock. Todo estaba en orden. A la mañana siguiente, al abrir la tienda, la estantería donde exponía la cerámica estaba completamente vacía. Las piezas, movidas. Sin explicación.
El Vigilante y su Perra
Un vigilante de seguridad contó su experiencia en 2004. Por las noches, tenía que revisar las habitaciones y cerrar el castillo antes de activar las alarmas. Siempre llevaba a su perra con él. Una noche, al salir de una habitación, la perra pasó disparada junto a él y se plantó al final del pasillo. Se giró, y empezó a gruñir y a morder. El pelo erizado, los dientes al descubierto. Miraba y gruñía como si hubiera algo detrás de él.
El vigilante no vio nada. Pero juró que olía algo dulce y floral flotando en el aire. Un perfume. De mujer.
En otra ocasión, mientras caminaba por el Patio, tuvo la sensación de que no estaban solos. Se oían pasos adicionales, crujientes, que seguían tras ellos. Cuando cruzaron el césped, los pasos también lo hicieron. Llegaron hasta la antigua entrada principal. Y allí, se detuvieron.
En la oficina, los empleados han oído pasos en el pasillo, acercándose a la puerta. Pero nunca hay nadie. También hay una puerta que golpea sola, una y otra vez, y nadie puede encontrar de dónde viene. Saben que está encima de la oficina, pero no consiguen localizarla. Como si fuera una puerta fantasma. Como si alguien la abriera y cerrara desde el otro lado.
Una visitante entró sola en la habitación Drummond. Al cabo de unos minutos, salió histérica. Dijo que había visto a otra persona en el espejo del tocador. Era la única en la habitación. No había nadie más. Pero en el espejo, había alguien.
En el pasillo frente a la oficina del administrador, varias personas han oído pasos y voces hablando un idioma que no reconocen de inmediato. Se cree que ese dialecto es escocés antiguo. Nunca hay nadie cuando revisan.
Algunos han oído el llanto de un bebé en el castillo. Lo más curioso es que durante una de las renovaciones, los obreros encontraron los restos de un niño en una chimenea tapiada. Como si alguien hubiera querido ocultar algo. Como si una muerte más se hubiera sumado a la larga lista de Fyvie.
Se ha visto el fantasma de un gato bajando las escaleras al sótano. También en la torre Preston, que hoy se utiliza como alojamiento vacacional. Los huéspedes que se alojan allí han sentido algo. Una presencia pequeña, sigilosa. Un roce en las piernas. Y al mirar, nada.
Hoy, el Castillo de Fyvie es una atracción turística. Los visitantes recorren sus salones, admiran sus torres, escuchan las historias de los guías. La mayoría se va al anochecer, antes de que el sol se ponga y las sombras se alarguen. Pero algunos se quedan. Los que se alojan en la torre Preston. Los que trabajan en el castillo. Los que investigan.
Ellos saben que Fyvie no es solo un castillo. Es un lugar donde los muertos no descansan.
Si recorres sus pasillos y subes a sus torres, no te sorprendas si sientes un escalofrío. No te asustes si ves un destello verde al final del pasillo. No hagas caso si oyes una trompeta en la noche.
Son solo los muertos, recordando. Esperando. Llorando. Y a veces, si tienes suerte, o mala suerte, quizá también te miren a ti. Desde el espejo. Desde la cama. Desde el vacío.
Porque en Fyvie, la maldición se cumplió durante seis siglos. Pero los fantasmas, esos, nunca se van.

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